El tormento de mis sueños
me tortura otra vez,
evocando la imagen de tu tersa tez
justo en el momento en el que nos vimos por última vez.
Recuerdo el sombrío cielo
los mil ojos sobre mí
en el momento en el que desaparecí
y el frío que por dentro sentí.
Durante mi viaje hacia allí
detenerme siempre intentaste
me recordaste como mi vida alegraste
pero aún así me perdí.
Y aunque en las puertas del olvido la entrada me negaste
escabullirme conseguí
atraparme no lograste
y hoy en día sigo aquí.
En el mundo de mis sueños me adentré
sigo sin saber en que me aventuré,
y hoy en día aún no puedo decir que encontré
aquello que con tanto empeño busqué.
Ahora deseo que me hubieras detenido
pero tú ausente ahora estás
y nunca descubrirás
los sentimientos por tí de este hombre caído.
Jamás es cuando pienso irme
ni por todo lo que llegues a decirme
y nunca un éxodo realizaré,
viviendo aquí algún día mis problemas olvidaré.
A mi vida resignarme decidí
aprendí que al culparme solo me hundo más,
y con melancolía reconocí
que tu nunca volverás.
Pero a ti, oh mi musa,
reemplazo jamás podre encontrarte
ni porque vengan mil diosas
podré yo olvidarte.
Tu recuerdo por la eternidad conservaré,
en lo más profundo mi ser
y aquí nunca habrá más que hacer
sino recordar, sufrir y de felicidad carecer.